jueves, 30 de octubre de 2014

UNA VIDA PARA EL ARTE

ENRIQUE OJEDA CHAPARRO conoció la orfandad de padre y madre a muy temprana edad. Ese vacío por la falta de unos padres hizo que su espíritu tomara rumbos universales como gran caminante en búsqueda diaria de lo inesperado.

De padre Sotaquireño y madre Tunjana heredó un gran gusto por la belleza. Inicio su recorrido por el mundo a los 22 años viajando a Cali donde tomó las primeras lecciones de dibujo y pintura con diferentes maestros. Posteriormente se encontró de viaje por Latinoamérica donde se detuvo para vivir un tiempo importante en Argentina; allí visitó los Museos de Arte Moderno y las Escuelas de Bellas Artes. Acrecentó el estudio autodidacta y reforzó la lectura por los grandes maestros de la historia del arte. Su vida la convino en la conquista del amor y de la búsqueda incesante de los misterios de la estética.

Los caminos siempre se abrieron en el horizonte para viajes continuos entre América y Europa, entre África y la India cultivando el amor y en busca de la felicidad. Ojeda es feliz. El Maestro la conquistó y la encontró. La pintura y las mujeres fueron toda su vida. Sus ojos se humedecen cuando habla de los hijos que han quedado de las experiencias con bellas mujeres artistas, escritoras y amantes de un hombre que sedujo hasta la impaciencia el amor por la pintura. La mujeres fueron el eje de su vida artística y sentimental.

En el escenario del arte aparece otra faceta del pintor, la cual recrea con igual o mayor entusiasmo. Es la fotografía. Tal vez él nunca sintió como un lenguaje capaz de reemplazar su taller de pintura. La fotografía fue un encantamiento de la imagen seductora y sensual de la mujer. En su taller mostró ese oculto placer por el desnudo femenino logrado de sus modelos que en alguna ocasión fueron también sus mujeres. Hermosas composiciones con bellos contrastes de piel y paisaje, de actitudes que nos sugieren “deseos encantados” llenos de libertad como expresión que al igual que en sus obras pictóricas “recrean el tiempo que para mi es libertad misma”.

Ellas le dan sentido a su obra y a su existencia. También cambia por ellas. También viaja por ellas. Conoce mujeres que le adquieren colecciones, que son sus “marchands”, sus protectoras. Al igual que Picasso, lo sufren, odian y son madres de sus hijos. Fueron sus modelos y la inspiración continua de sus sueños.

Ponerle titulo o buscar una palabra que identifique a un artista como Ojeda se hace muy difícil porque su vida ha sublimado el arte y lo humano que se consagran en una sola idea: la ética de un hombre. Esa ética es la verdad de que existe Dios, “…No miento la mentira va contra Dios. Me da vergüenza cometer pecados”.

Tres fuentes son para el Maestro las más importantes plataformas de vida: Las mujeres, sus hijos y la pintura. Con las mujeres sintió el impulso de la pasión y del deseo. Deseo que convirtiera en realidad en los tensos lienzos colgados en las paredes de salones de arte en exposición y en el intenso amor que les profesó. Cuando habla de ellas los labios tiemblan, los ojos brillan en los recuerdos entrañables del amor, la seducción y la pareja. Cuando recuerda a sus hijos, los ojos se humedecen, tiemblan la voz y sus manos. Los recuerdos afloran con emoción sensible de padre humilde, generoso y universal.

Aquí su corazón se hincha y el taller queda envuelto en el aroma de la musa que siempre lo acompañó; cosa parecida a lo que decía Alejandro Obregón “El pintor siempre debe estar trabajando y tener la ventana abierta de su taller porque la muza de la inspiración pasa en cualquier momento y lo debe encontrar trabajando…”

La pintura es el pan de cada día, es el genio que lo sobrecoge, es el desdoblar de su alma generosa y humilde. Tiene la convicción de que su propia libertad. “es mi libertad y me siento feliz, a pesar de que he tenido problemas en la vida siempre siento la libertad por lo que me provee la pintura. Pinté muchos cuadros eróticos con la imagen femenina “Hoy sus cuadros neo-figurativismo continúan siendo eróticos, buscan representar la pareja cercana y quizás mirando al observador, o quizás de espaldas a él mirando el mismo horizonte. Son como fantasmas de seres que viven en cada persona, pues no son personas, no son retratos. Están ahí en contemplación perpetua desde sí mismos hacia el infinito universo o quizás de sí mismos a sí mismos.

Para un pintor el destino es la trascendencia de la obra en el regazo de la finitud humana. La obra que se desarrolla en los últimos cuatro lustros ha encontrado su estilo; no queda más que la perfección de ella misma en el largo ascender de la cúspide que reta el camino del pintor. Es un pintor sano transparente.

El destino es la pintura neofigurativa, ahí se agolpan maravillados el deseo, la pasión y la estética. Ahí se encuentra la experiencia del largo camino que solo la Providencia tendrá a bien detener. La neo figuración es un adjetivo traído de la nueva figuración europea, tendencia que agrupo muchos pintores afanados por encontrar propuestas que cambiaran el mundo. Para el Maestro quizás el mundo no cambie pero su pintura si dejará una impronta imborrable donde se confunde el misticismo con la pasión y la contemplación perpetua de lo humano.

El convencimiento de que Dios existe ha marcado el camino de la inspiración de la vida pictórica y su relación con los demás seres de la naturaleza; en todos los actos se ve un sentido de lo religioso y de lo místico. Siempre quiso ser un poeta del color inspirado por Dios. Su estrecha relación con el mundo de lo mágico le permitió transformar el ser primigenio que habita en él, en un ser completamente convencido de una obediencia exhaustiva a las reglas que el ser Supremo puso sobre la tierra en el mejor sentido cristiano. Para él Dios es el camino y la misma felicidad.

Lo místico se observa mas profundamente sugerido en la obra abstracta y en la neofigurativa. El Maestro gusta de usar formatos pictóricos de gran dimensión. La sensibilidad de la textura adquiere dimensiones atmosféricas que se relacionan con inspiración Divina en difusas imágenes femeninas. Es el dialogo con nuestro Creador, con su naturaleza inmaterial, con su halo de vida.

La mujer es el “polo a tierra” entre lo espiritual y lo material. De ella ha ganado la ternura de madre, la pasión frenética y el erotismo juvenil; de Dios la armonía y la fe en su pintura y en la vida. Dios y mujer ponen de manifiesto una inspiración permanente donde la razón no tiene cabida pero tiene forma. Una forma que con el tiempo concreta su inspiración artística.

Hace cerca de 20 años el Maestro Ojeda regreso a Tunja la ciudad natal de su madre para reconocer el cambio de una comarca colonial a una metrópoli moderna como las que visitó en posteriores pasajes. En esta tierra ha desarrollado gran parte de la obra que hoy se considera importante estilísticamente con una muy buena proyección comercial. La reconocen gentes de la empresa privada, admiradores y coleccionistas. En un medio hostil para la pintura como es Boyacá, el Maestro Enrique Ojeda ha logrado penetrarlo y posicionarse asertivamente.

El Maestro Ojeda es un pintor clásico; es un hombre común y corriente; es un ser universal, amigable y sin bohemia; habla con la solidez y la tranquilidad que da el recorrido y la experiencia. Es solitario, trabajador infatigable y triunfante en lo que más sabe hacer: La pintura. Un retrato del pintor nos dibuja a un hombre sereno, confiado, aventurero, de mente joven y espíritu alegre, recio en su convicción, amigo íntimo de Dios, respetuoso de la vida y soñador eterno.

La Providencia le otorgo la suerte de tener varios hijos en varios rincones del planeta. Algunos de ellos también salieron con dotes artísticas y lo retratan tierno y maravilloso padre. Su hermana también octogenaria lo percibe sincero y autentico. Sus hermanos, hijos del segundo matrimonio de su padre, lo respetan. Sus amigos lo admiran. Sus amantes lo recuerdan frenético y sexual.

Boyacá como estado no lo ha reconocido, pero la gente del común ofrece testimonios de impacto que han generado su obra. La ciudad materna lo acogió y le entregó su evolución y cambiante imagen, pero no lo descubrió. Estas líneas procuran hacerlo, rindiendo homenaje a la perseverancia, la constancia y la humildad de un trabajo sincero que marcara un hito en la producción artística del departamento.


Fuente: Willie Hostos
Maestro en Bellas Artes
Universidad Nacional de Colombia


Ver algunas de sus obras.


Nota: El día 04 de octubre del 2014, tras una penosa enfermedad, muere en Tunja a la edad de 84 años. Pero, aunque se haya ido de este mundo, la vida del Maestro Enrique Ojeda seguirá plasmando realidades y ficciones mientras su obra trascenderá en las memorias que guarde con celo la humanidad. Descansa en paz querido amigo, tu legado será inmortal y, tu recuerdo será nuestro más preciado tesoro.


Mi foto
Ingeniero de profesión, artista por vocación. Vi la luz en la población de Paz de Río (Boyacá, Colombia) en un mes de Abril del año de 1952, pero actualmente, resido en la ciudad de Tunja, capital de nuestro Departamento. Escribo mis poemas con versos sencillos que, por lo general, se convierten en canciones. Me gustan las artes y suelo pintar, canto e interpreto la guitarra, salgo a pasear en bicicleta, disfruto de la vida, cultivo amistades y vivo contento. Soy, en resumidas cuentas, un bohemio soñador: con ganas de ser poeta, guitarrero y trovador.