domingo, 24 de mayo de 2015

CIUDADANOS Y CIUDADANAS...

LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, máximo organismo de nuestra lengua, ha desautorizado de manera tajante la ya generalizada costumbre del desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma femenina y masculina, utilizando expresiones redundantes por un verdadero complejo de supuesta inclusión femenina.

El género no es igual que el sexo. El género es una propiedad de los nombres y de los pronombres que tiene carácter inherente y produce efectos en la concordancia con los determinantes, los adjetivos, y que no siempre está relacionado con el sexo biológico. 

Se escuchan por doquier expresiones del tipo, ciudadanos y ciudadanas, campesinos y campesinas, alumnos y alumnas, miembros y miembras... se admiten las alternancias "Ella es el miembro (o la miembro) mejor del equipo", pero "Miembra", ¡no! 

Las personas no tenemos género, tenemos sexo. De ahí que la expresión "violencia de género" sea incorrecta porque la violencia la cometen las personas, no las palabras. En nuestra lengua se debe decir violencia sexual o violencia doméstica, como nos indica la RAE. 

Junto al machismo, que subordina todo al ser macho, han creado el hembrismo. Y han olvidado lo central, el ser hombre, en sus dos vertientes. Hombre: ser perteneciente a la raza humana (varón o mujer).

El mundo se reduce a sexo: ese es el lema de esta moderna herejía. Ahora comprenderán su reflejo lingüístico. Primero confunden genero y sexo: una silla es femenino pero no hembra, un sillón es masculino pero no macho. 

El género común es útil, evita pérdidas de tiempo, sintetiza abarcando ambos géneros y ambos sexos: es más económico decir, cuando traducimos el evangelio, dejad que los niños se acerquen a mí… que decir los niños y las niñas. Decir incluso, al niño se le debe máxima reverencia, evidentemente a niños y niñas. 

Tampoco se acepta la utilización innecesaria de la redundancia del masculino y del femenino: "La mayor parte de los ciudadanos y de las ciudadanas" es un circunloquio innecesario. 

El criterio básico de cualquier lengua es economía y simplificación. Obtener la máxima comunicación con el menor esfuerzo posible, no diciendo con cuatro palabras lo que puede resumirse en dos. 

Los desdoblamientos tipo tales como padres y madres de familia, diputados y diputadas electos y electas o llevaré los niños y las niñas al colegio, en vez de padres de familia, diputados electos o llevaré los niños al colegio… según la RAE son piruetas lingüísticas innecesarias, empobrecedoras y ridículas. 

¿Cuál es el participio activo del verbo ser? El participio activo del verbo ser es 'el ente'. ¿Que es el ente? Quiere decir que tiene... entidad. 

Por ese motivo, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega al final 'ente'. Por lo tanto, la persona que preside, se le dice presidente, no presidenta, independientemente del sexo que esa persona tenga. 

Sin ser sexista, siempre se ha utilizado el masculino de algunas palabras para hacerlo extensivo a ambos sexos. Las palabras "todos", "alumnos", "maestros" y otras incluyen tanto a hombres como a mujeres. 

Cuando nos referimos a nuestra especie se dice "el hombre" pero eso no significa que se refiera solamente al macho de la especie. 

Existen muchas profesiones que no tienen diferenciación sexual en su denominación, pero últimamente los políticos de cierta extracción se empeñan en dársela. Se es juez sin importar el sexo, así como ministro, fiscal, médico, etc. 

En español existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar, es atacante; el de sufrir, es sufriente; el de cantar es cantante; el de existir, existente. 

Se dice capilla ardiente, no ardienta; se dice estudiante, no estudianta. Se dice paciente, no pacienta. Se dice dirigente y no dirigenta. 

Tampoco se dice dentisto, poeto, sindicalisto, pediatro, pianisto, turisto, taxisto, artisto, periodisto, violinisto, telefonisto, gasisto, trompestisto, techisto, maquinisto, electricisto, oculisto y, sobre todos... ¡el machisto!

Una regla elemental de estilo prohíbe repetir dos veces el mismo término, sin excepción alguna, ni siquiera como cláusula retórica. No se trata sólo de que haga feo (cuestión de imagen, que tanto parece preocupar a las mujeres, incluidas las feministas): es que no es correcto hacerlo (cuestión formal, de reglas procedimentales de juego).

Un discurso como el siguiente sería insoportable: "Compañeros y compañeras: nuestros delegados y delegadas han hablado ya con los encargados y encargadas de todos los servicios para pedir que la media hora de pausa de los trabajadores y las trabajadoras coincida con la hora de ocio de nuestros hijos y nuestras hijas en el jardín de infantes e infantas de la empresa. Gracias a los asistentes y a las asistentas a esta reunión, quedan todos y todas invitados e invitadas para la próxima". 

Utilizar estas expresiones redundantes con el supuesta intención de evitar la discriminación sexual es simple y llanamente una burda demagogia que va en contra del buen uso del idioma.

El sexismo no está en las palabras, sino en los comportamientos, en los actos de menosprecio o en las crudas desigualdades salariales. ¿Por qué no luchar valerosamente contra esas situaciones en lugar de propinar inútiles mandobles a los usos lingüísticos?

En fin, el tema tiene mucha tela de donde cortar, pero es evidente que debemos propender hacia el equilibrio para encontrar la manera de maltratar lo menos posible nuestro idioma, evitando así, aburridoras redundancias.

Gracias queridos lectores, hasta pronto... o si lo prefieren: "Gracias queridos y queridas lectores y lectoras, hasta pronto". 

Mejor: Muchas gracias a todas las personas que me leen, hasta pronto.


Fuentes:
Soledad de Andrés Castellanos, Francisco Rodríguez Adrados.
Antoni Pérez-Reverte, Esteban Lob. 


Mi foto
Ingeniero de profesión, artista por vocación. Vi la luz en la población de Paz de Río (Boyacá, Colombia) en un mes de Abril del año de 1952, pero actualmente, resido en la ciudad de Tunja, capital de nuestro Departamento. Escribo mis poemas con versos sencillos que, por lo general, se convierten en canciones. Me gustan las artes y suelo pintar, canto e interpreto la guitarra, salgo a pasear en bicicleta, disfruto de la vida, cultivo amistades y vivo contento. Soy, en resumidas cuentas, un bohemio soñador: con ganas de ser poeta, guitarrero y trovador.